viernes, 11 de noviembre de 2011

EL HUMOR Y DADÁ





Libertad, Dadá, Dadá, Dadá, el plañir de los dolores agarrotados,
el entrelazado de los opuestos y las contradicciones,
de lo grotesco y lo inconsecuente: la vida
Tristan Tzara
Desde la fundación del movimiento Dadá en El Cabaret Voltaire de Zúrich, en 1916, sus integrantes Tristan Tzara, Jean Arp, Janco, Hugo Ball colocaron en tela de juicio los postulados y concepciones artísticas del arte en general y muy especialmente, de las tendencias más cercanas como el Abstraccionismo, el Expresionismo, el Cubismo y el Futurismo.
A primera vista Dadá parece un capricho de artistas e intelectuales provocadores reunidos para ir en contra de las reglas. Sin embargo, la aparente falta de coherencia y el desatino en sus planteamientos fue una respuesta a la situación de conflicto generada por la Primera Guerra Mundial: descalabro, destrucción, ruinas, muerte. El panorama no era alentador, los estándares en la calidad de vida de las personas y la felicidad promovidos desde décadas anteriores por la revolución industrial, distaba mucho de la realidad. Dadá objetó esa la realidad, todas las estructuras de la sociedad y las costumbres por desajustadas y poco convincentes.
La negación, cuestionamiento y visión desolada hacia todo lo que les rodeaba tuvo su correspondencia en el arte. Promulgaron la muerte del arte. Fueron tan revolucionarios que la negación incluía sus propias experiencias. Llegados a este punto cabe detenernos a analizar la importancia del componente humorístico en las propuestas Dadá, más allá de la simple jocosidad que en apariencia contiene. El humor fue el sello identificador del movimiento y la herramienta que les permitió distanciarse de sí mismos y del resto de las propuestas que ya estaban legitimadas para lanzar los dardos en la dirección deseada. El humor permitió a sus integrantes superarse a sí mismos, no tomándose tan en serio, no limitándose, sino expandiendo el pensamiento con una evidente carga de ironía y sátira. Fue para ellos un arma de crítica, de cuestionamiento, de negación, de autociencia, pero muy especialmente de reflexión.
El dramaturgo, Luigi Pirandello en su ensayo El humorismo editado en 1946 opina sobre el humor: “Podemos admitir, a lo sumo que hoy, por esta pretendida mayor sensibilidad y por el progreso (ay!) de la civilización, son más comunes aquellas disposiciones espirituales, aquellas condiciones de la vida que favorecen el fenómeno del humorismo, o mejor aún, de cierto humorismo”. El humorismo repunta como una herramienta para sublimar a través de la sonrisa situaciones comprometedoras y dolorosas. El humor a diferencia de la comicidad, aliada de la risa y la carcajada, no es una reacción superficial sino que induce a pensamientos y procesos reflexivos sobre la situación planteada.
En tal sentido Dadá a través del gesto o de una intención llena de humor en sus propuestas, rechazaba las nociones de la belleza clásica, lo universal y el pensamiento lógico. Por el contrario, apuntaba a la expresión individual, sin ataduras ni referencias en el pasado; si buscó referencias, estas las tuvo, contradictoriamente, en su propia negación, en su presente, es decir, en lo que la tecnología y la industria le proporcionaban. Pensamiento evidente en el ámbito plástico donde promulgaban la “no creación” por la “fabricación” de objetos, avalando así la serialización, la contradicción en el arte, en fin, la desmitificación y “aura” de la obra como pieza única. Para Mario de Micheli “el dadaísmo es, pues, no tanto una tendencia artístico-literaria, como una particular disposición del espíritu: es el acto extremo del antidogmatismo (…). Así lo que interesa a dadá es más el gesto que la obra; y el gesto se puede hacer en cualquier dirección de las costumbres, de la política, del arte y de las relaciones. Una sola cosa importa: que tal gesto sea siempre una provocación contra el llamado buen sentido, contra las reglas y contra la ley; en consecuencia el escándalo es el instrumento preferido por los dadaístas para expresarse” (De Micheli, 1955: 140).
Fuente, 1917-1964, Urinario de porcelana, 33 x 42 x 52 cm.
Estocolmo, Moderna Musset
Marcel Duchamp (1887-1968) es quizás uno de los más destacados representantes del movimiento Dadá. Reconocido ampliamente por sus propuestas objetuales como la Fuente y Secadores de botella, ideó una serie llamada Ready-Mades en la que elevó los objetos serializados a la categoría de arte, colocándolos en un contexto de validación estética. Los objetos de Duchamp, como la Fuente sorprenden, contradicen, desarticulan y descontextualizan la función utilitaria original de la pieza. En la base de una supuesta acción sin mayores pretensiones, Duchamp sembró la crítica al artista (al ego del artista), a la obra acabada y al comercio del arte. La aparente jocosidad, comentada anteriormente, desata con esta obra ideas cuestionadoras sobre lo que hasta ese momento se entendía como arte. Las estructuras de legitimación artísticas heredadas por siglos, se tambalearon al igual que la Primera Guerra Mundial lo hizo en el “espíritu” de quienes la vivieron y luego debieron superarla. Mario De Micheli afirma de los dadaístas “(…) con el escándalo, la agitación (....), estos intelectuales buscaban colmar el vacío, la desesperación y la náusea que la guerra y la posguerra habían provocado en ellos. El agitarse, el moverse, el gritar, el insultar eran modos de no escuchar la voz de la angustia”. (De Micheli: 1995: 80) 
L. H. O. O. Q., 1919-1930
Lápiz sobre una reproducción de la Mona Lisa
19,7 x 12,4 cm, colección privada 
En la misma línea L. H. O. O. Q (1919-1930), la gran obra de Leonado da Vinci, la Mona Lisa, emblema de la pintura clásica, fue tratada de modo caricaturesco. Duchamp intervino la imagen de una postal, por lo cual consideró esta obra como parte de los Ready-Made. Además escribió un juego de palabras, haciendo referencia de manera sarcástica a la personalidad de Leonardo da Vinci; mofándose de él con la palabra escrita y la imagen. Manejó los aspectos propios de la caricatura ridiculizando y colocando sobre el tapete lo menos favorable de la “víctima” . En esta versión caricaturesca, Duchamp, delató a través de la contradicción y la desarmonía las normas de belleza clásica, y logró mucho más, pues vulneró un icono de la cultura occidental.
Marcel Duchamp como Rrose Sélavay (ca. 1920-1921)
Fotografía de Man Ray, 21 x 17,5 cm,
Filadelfia, Museo de Arte Moderno de Filadelfia
Mantiene esta línea en Marcel Duchamp como Rrose Sélavay (ca. 1920-1921), fotografía en la que el artista ha asumido, casi a modo de disfraz la personalidad de Rose Sélavy. Personalidad que coloca su sexualidad en una delgada línea entre lo femenino y lo masculino, dejando claro su propia ridiculización y la amenaza a su ego como hombre-artista. Expresa manifiestamente la idea de que Dadá es la contradicción reinventada continuamente.  
La visión desenfadada con que Dadá (El grupo de Zurich, El grupo de Nueva York, El grupo de Berlín) asumió el arte, la poesía  y la literatura, fracturó las bases del arte moderno y sembró el germen de muchas de las vertientes del arte contemporáneo del siglo XX: el arte conceptual, la performance, el arte objetual. Después de la espontaneidad y rebeldía de los integrantes de Dadá, el arte cambió su línea evolutiva. Dada, el vacío y la nada... Dada, el nacimiento del arte contemporáneo.


Texto: Anny Bello


Bibliografía
Bello, Anny. Blanco, Ivette. Dibujos humorísticos y costumbristas de Teodoro Arries y Claudio Cedeño. Segundo período de Fantoches. Caracas, Tesis de grado, Universidad Central de Venezuela, 2000.
De Micheli, Mario. Las vanguardias artísticas del siglo XX.  Barcelona, España, Alianza Forma, 1995.
Elger, Dietmar. Dadaísmo. Colonia, Madrid, Tasche, 2006.
Pirandello, Luigi. El humorismo. Buenos Aires, El libro, 1946.


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